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Llega por fin el ansiado verano, adiós rutinas, hola descontrol. Mucho. De hecho, cuando llega septiembre seguro que muchos de nosotros deseamos, aunque nos cueste confesarlo, que llegue el colegio de nuevo para que alguien ponga equilibrio entre tanta locura. Para no llegar a la desesperación, la psicóloga infantil Alejandra nos da las pautas para no acabar desbordados. ¡El verano está para disfrutar!

Nos vamos de vacaciones y dejamos todo en stand by hasta septiembre, rutinas horarios, normas, proyectos… Lo necesitamos, todo el curso estresados, cumpliendo fechas de entrega, objetivos laborales, ayudando a los peques con los proyectos escolares, tareas.

Un calendario muy estricto donde debemos hacer encaje de bolillos para compaginar vida laboral, familiar, escolar, deporte y ocio. Pero llega el ansiado verano y damos la bienvenida a ¡la vida loca! Menos rutinas, horarios más laxos, nuevas comidas, nuevos lugares; todo esto es fascinante, emocionante y puede provocar que nuestras emociones se desboquen.

Características de las emociones infantiles

  • Las emociones infantiles son volubles y extremas. Los niños ¡estallan! con la alegría, el amor, la tristeza, el enfado, la frustración… Se dejan llevar. Una vez, han descargado toda la energía de esa emoción, cambian a otra para vivirla de igual manera.
  • Las emociones no son ni buenas ni malas, simplemente son. Son impulsos, descargas de energía que se ha generado al observar un cambio en el ambiente e interpretarlo según nuestras vivencias previas.
  • En el momento del nacimiento, los niños poseen 4 emociones básicas: la alegría, la tristeza, el miedo/asombro y el enfado.
  • En torno a los dos años, estas emociones se van entrelazando para generar otras emociones, como los celos, la frustración, la culpa, la impaciencia, la gratitud, la vergüenza. A estas se las denomina compuestas.

Las emociones tienen las mismas características, independientemente de la estación del año en la que nos encontremos, pero sí que es cierto que durante el curso, las rutinas y horarios más estrictos, ayudan a que los adultos podamos ofrecer un entorno más predecible para los peques; pero durante el verano, no siempre somos capaces ya que necesitamos de la laxitud propia de las vacaciones y, sin querer, estamos propiciando un campo de cultivo muy rico en nutrientes para el descontrol emocional.

Pero no os preocupéis, ya que hay pequeñas pautas que podemos seguir durante el verano para ofrecer un entorno estable y predecible que proporcione sustento emocional a los peques sin que suponga un esfuerzo extra:

  • Observar a nuestro peque. Nadie mejor que nosotros sabe cuando se va a producir un descontrol emocional. Al más mínimo indicio de descontrol, reduce los estímulos sensoriales que puedan estar incrementando el descontrol emocional.
  • Lo principal para que ninguna emoción se desborde es ofrecer al peque sensación de seguridad. Ninguna de las emociones que vivan los peques nos debe dar miedo ya que todas son útiles y necesarias para el desarrollo emocional diario.
  • Si observamos que la emoción se ha descontrolado, ofreceremos contacto físico, pero siempre sin forzar la situación. Si no quiere, no le debemos coger a la fuerza, el peque, poco a poco, se irá acercando a nosotros.
  • Las explosiones emocionales de los niños son normales, no son preocupantes y no suponen ningún mal para ellos. Debemos acompañarles, permanecer a su lado con una actitud de calma, sin juzgar, sin restringir. 
  • Nuestra voz ha de ser calmada, sosegada.
  • No es momento de razonar. Hemos de esperar a que la emoción se encuentre en unos niveles controlables y en ese momento, hablar con el peque y ayudarle a poner palabras a lo que ha sentido.

Como veis, las emociones no cambian con las temperaturas ni las estaciones, las emociones son, están ahí y se viven sin más, y cada una de ellas es una reacción a una situación. No debemos juzgar a nadie por sentir enfado o tristeza, sino acompañar y ayudar a que los niños pongan nombre. En el momento que se sienten escuchados y entendidos, es más fácil que vuelvan a un estado más regulado de las vivencias emocionales.

 

Alejandra F. Aladro

Psicóloga Infantil y Familiar

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