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El 11 de Febrero estaba en Cerler, en el primer viaje a la nieve de LittleN. Fue un viaje precioso, nos hizo sol todos los días y había mucha nieve. LittleN y V. (su prima) disfrutaron de la nieve y las clases, eran unas pequeñas hormigas atómicas bajando pistas. La segunda noche noté unos mareos muy raros y empecé a tener sospechas de que algo me pasaba, pero nunca imaginé que pudiera estar embarazada de nuevo, pues llevábamos casi dos años buscando y habíamos decidido “rendirnos”, convencidos de que no iba a ser posible.

Pero al volver a Madrid, me di cuenta de que tenía un importante retraso, más de lo normal. Me hice la prueba y no tardaron ni 5 segundos en salir las dos rayitas. No había dudas: mareos, dolor de pecho, cambios de humor… Y ahí, frente al test, volteé los ojos pensando: “¿Cómo no te has dado cuenta, Raquel?”.

El corazón empezó a latir muy rápido, no me lo podía creer, estaba de nuevo embarazada, era otro milagro. No podía esconder que estaba emocionada e ilusionada. Y sabía perfectamente, sin lugar a dudas, de cuánto estaba. Cuando digo que sabía perfectamente de cuánto estaba, es que no había duda. Seguro que muchas me entendéis.

El 22 de Febrero fui a hacerme mi primera ecografía, estaba de 6+3 semanas. La ginecóloga me dijo al hacerme la eco que era muy pronto para ver latido, y que volviera en la semana 8. Me dieron cita para un mes después.

El 22 de marzo fui a hacerme la segunda eco, semana 10+3. La ginecóloga me dijo, de nuevo, que era pronto para escuchar latido ni ver nada, que estaba en la semana 6+3, que volviera en dos semanas. Mi corazón se paró y mi cabeza no lograba entender, ni quería entender. Le dije que estaba completamente segura de que estaba en la semana 10+3, que no tenía ninguna duda. Ella me dijo que eso era imposible que lo supiera, y que volviera en dos semanas.

Salimos del hospital directos a pasar un fin de semana en La Rioja con mi hermana, un fin de semana en familia. No quise proyectar negativamente, pero no podía evitar pensar en ello en cada paso dado ese fin de semana. Lo comenté, y todos me decían que esperara, que no le diera tantas vueltas…

Yo, mientras pasaban los día, sentía que mi cuerpo cambiaba de nuevo. Volvía a ser el de siempre, poco a poco. No tenía dudas, pero no podía -no me dejaban- decir lo que sentía, ni “pensar” en negativo: “No le des vueltas”, “sé positiva”, “ni lo pienses”.

Pero no era pensarlo, era sentirlo.

A nuestra vuelta a Madrid, no podía soportar la idea de esperar hasta el 9 de abril para escuchar lo que ya sabía. Y en contra de lo que me decían, decidí ir a otros profesionales. Que alguien me dijera en voz alta lo que yo ya sabía y nadie me dejaba decir.

El mismo lunes 25 pedí cita con mi médico de cabecera, y fue el que me lo dijo bien clarito: “Si está de 6 semanas y sabes que estás de 11 es que algo va mal”, pero añadió: “Pero es que eso es imposible que lo sepas”.  Otra vez.

El jueves 28 mi madre me escribió:

  • “¿Qué tal estás cariño?”
  • “Bien mami….Bueno la verdad es que no, siento que algo va mal, que el bebé no crece, no se ve el latido. Todo el mundo me dice que no puedo saber en qué semana estoy y SÍ lo sé. Lo sé mamá…no puedo esperar hasta el 9 de Abril.”

Al día siguiente mi madre se plantó en Madrid (desde Asturias), y me obligó a ir a la matrona (yo ya me había rendido y no quería o no podía hacer ya nada). Sentada frente a esta maravillosa mujer, volví a contarle la historia, e inmediatamente me dijo que fuera a La Paz a urgencias, que todo esto era muy anómalo.

Después de mi madre, fue la primera profesional que me creyó.

Así que empujada por mi madre fui a urgencias a contar, una vez mas, lo que me pasaba. La enfermera que me atendió me hizo sentir realmente mal. Me repitió que era imposible que yo supiera en qué semana estaba, y que debía haber hecho caso a mi gine, esperar dos semanas más y comparar ecos. Que no podía ir pidiendo abortar sin “pruebas”.

¿Os imagináis cómo me sentí? No podía hablar. Pero mi madre habló, y pidió que me viera una ginecóloga.

Llegó la ginecóloga de urgencias, una joven chica del sur. Le conté de nuevo todo, le enseñé ecos anteriores y al hacerme la eco no tuvo dudas. “Tu gestación se ha parado en la semana 6, Raquel”

Mi corazón volvió a pararse, pero esta vez no volvió a latir de la misma manera. Nunca lo volverá a hacer.

Y entonces comenzó a explicarme diferentes maneras de proceder. Me dijo que no le diera una respuesta en ese mismo momento, que esperara y me fuera a dar una vuelta. Dos horas para decidir cómo.

Fuimos a tomar algo, y yo solo intentaba hacer ver que estaba en este mundo, sonreír, hablar.

A las dos horas le dije a la doctora que no quería verlo, que decidía hacerme un legrado. Me dio cita para el lunes y dos pastillas para dilatar el cuello del útero dos horas antes de acudir al hospital a operarme. Ahí dejé de escuchar, no oía a nada ni a nadie.

El fin de semana, a pesar de estar rodeada de personas maravillosas, se hizo largo, duro y doloroso. Muy doloroso. Aceptar que mi bebé no tenía latido y que tenía que despedirme de una fea manera en unos días se hacía especialmente duro.

Llegó el lunes, tras una noche sin pegar ojo. Me levanté a las 7 de la mañana, desolada, para introducirme esas dos pastillas que iban a dar comienzo al adiós.

A las 9:00 mi madre vino de nuevo desde Asturias para acompañarme, y por el camino me obligué a comer una mandarina y un trozo de pan, sin ganas, pensando que el día iba a ser largo y no iba a poder comer nada.

  • “¿Vienes en ayunas verdad?”
  • “No”
  • “¿Es que no lees los informes? Lo pone bien claro.

Pues no doctora, desde que el viernes me confirmaron que mi bebé ya no estaba vivo dejé de escuchar, de sentir, de pensar…

  • “Pues te vas a volver a casa y te programamos operación para mañana”.
  • “Pero me he metido las dos pastillas”.
  • “Pues has empezado con el proceso, tienes que quedarte y te operamos de tarde”
  • “¿Con qué proceso?”
  • …..

No hubo respuesta ni explicación, o al menos yo no la escuché.

Inmediatamente empezaron los dolores, dolores menstruales muy grandes.

  • “Me está doliendo mucho” “¿Es normal?”
  • “Sí, estás empezando con el proceso”
  • “¿Qué proceso?”
  • ………

Nadie me dijo que estaba de parto… Me di cuenta cuando las contracciones y el dolor, que normalmente gestionas en un embarazo en varias horas, se iba a concentrar en dos horas. Dos horas que jamás olvidaré.

Yo gritaba y pedía que por favor me dieran algo, que me pusieran epidural, algo. No podían darme nada más que calmantes, porque como en unas horas iban a operarme y ponerme anestesia general, no podían ponerme nada mas.

Dos largas horas de gritos, fiebre, sudor, lágrimas, vómitos y sangre…. Sangre que no quería ver ni sentir. Estaba expulsando a mi bebé entre insultos, gritos y llanto. Suplicando que pararan este sufrimiento.

Me dormí llorando, con sangre entre mis piernas, y preguntándome una y otra vez por qué… No tenía ganas de hablar ni de mirar a nadie. Tampoco a mi madre a la que había gritado y pedido que por favor parara el dolor, cargándole con una horrible losa.

Me despertaron con la frase de “vamos al quirófano”. Ya todo me daba igual.

Al despertarme resultó que había perdido mucha sangre en el legrado por un mioma, y mi hermana y mi madre estaban algo pálidas. Cuando sentí a mi hermana solo alcancé a decirle: “ha sido horrible”, y sólo quería seguir durmiendo.

“No pasa nada”, “la naturaleza es muy sabia”, “mujer legrada mujer embarazada”, “en unos días ya vas a estar mejor”, “en dos meses lo vuelves a intentar”, “piensa en tu hijo y lo afortunada que eres”…!!¿¿Me podéis dejar en paz??!!

No cuestiono la buena intención, no me malinterpretéis, pero hay ocasiones en que es mejor no decir nada, y esta es una de ellas.  Me sentía incomprendida, culpable, frágil, destruida, triste, vacía. Ya no era la misma, ya no soy la misma. No sabía que nunca iba a volver a ser la misma.

Sigo pasando mi duelo, sigo buscando respuestas, sigo sintiendo que estoy vacía, y mi vida sigue, sigo trabajando, viajando, riendo, bailando… Pero jamás seré la misma.

Aún siento que tengo que cerrar esta herida de alguna manera, pero no sé ni qué, ni cómo, ni cuándo. Lo haré. Pero el mismo lunes 1 de abril alcancé a escribir esto antes de comenzar con los dolores:

“Mi estado emocional ahora mismo, no es el mejor. Pero voy a cerrar los ojos y pensar en ese sitio que solo nosotros sabemos. Donde nos encontramos, donde nos vamos a despedir y donde acudiré para recordarte. El que siempre será nuestro sitio.

Cierro los ojos para darte las gracias por haber venido a mí, para recordarte y recordarme que estemos contentos, que debemos sonreír, aunque nuestra historia no pueda llegar hasta el final.

No tienes la culpa pequeño, nadie tiene la culpa, pero la vida en ocasiones es así, y el destino y el universo han querido que así fuera, para asegurar la salud de ambos.

Desde mi más profundo amor tengo que dejar que te vayas, y te pido perdón. Hoy tengo que explicar a tu alma, que ya no estarás en ese cuerpecito que aún estará en mi interior unas pocas horas mas. Forma parte del proceso.

Desde mi mas profunda tristeza, y agradecida por este tiempo juntos, me tengo que despedir de ti.

Guardaré siempre un espacio dentro de mí pata ti.

Siempre permitiré a mi mente recordarte con amor.

Gracias… Gracias por haber existido y por haber sido ni hijo. Ahora y siempre.”

Esto me hizo pensar en todas las mujeres que pasan por esto y lo poco que se habla de ello. De la poca importancia que le damos y de lo incomprendidas que están. Con estas palabras no busco consuelo, pero deseo que se pueda entender que esto, que tanto sucede, es duro, es un duelo y como tal hay que ser empáticos y respetar el dolor, sentimientos y cambios que provocan en las mujeres.

Y se que no es lo peor que le puede pasar a una persona, pero eso no quita que duela y deje una marca que nunca, y repito nunca, desaparecerá.

Unirse a la discusión 5 Comentarios

  • Nuria dice:

    Gracias por expresar lo que yo no he sabido expresar. Me veo totalmente reflejada en tus palabras porque mi caso fue muy parecido. La noche que me introdujeron las famosas pastillas fue la peor de mi vida. Decirte que se sale del pozo pero esa pesadilla se te queda clavada en el corazón y aún a día de hoy, 4 años después, me corta la respiración el recuerdo de esa tarde-noche y los días que le siguieron. Mucho ánimo. Y que nadie se atreva a decirte lo que tienes que sentir. Besinos de una asturiana a la que has emocionado

  • Raquel dice:

    Hola, he tenido la necesidad de escribirte porque parece que este texto lo he escrito yo aunque con algunas diferencias pero con claras similitudes. En primer lugar, me llamo Raquel. El verano pasado me quedé embarazada, y aunque me di cuenta enseguida notaba que no todo estaba bien, no me sentía embarazada y decía a mi familia que me sentía rara, me decían que eran cosas mías. Fui un montón de veces a urgencias en las primeras semanas, me hicieron una eco en la semana 6 y estaba todo bien, pero yo seguía sintiéndome distinta, y no distinta lo en mi primer embarazo, no. Algo pasaba, seguía teniendo sangrado, me decían que era normal, a muchas le pasa, que tenía una ectopia y eso provocaba mi sangrado. Un día ya cansada de esa supuesta normalidad volví a la matrona, me hizo un tacto y había sangre y no era de la ectopia. Urgente al hospital, llegué y tal cual el bebé no había crecido desde la semana 7. Tuve mucha suerte porque la medicación que me dieron no me provoco dolores y tuve una expulsión rápida y sin necesidad de legrado. Pero es una situación que realmente no deseo a nadie.
    Y ahora mismo, estoy de casi 7 meses de una pequeña a la que esperamos con muchísimas ganas, pero lo que es cierto es que este embarazo está siendo difícil porque cada mínimo síntoma extraño vuelve una sensación de miedo incontrolable.

  • Ann dice:

    No hay ánimos que ayuden en una situación así, hace dos semanas pase por algo similar. Era mi primer embarazo y nos despedimos a las 22+5 semanas … yo no sabía que “el proceso” era lo que se siente en un parto… en 4 meses he perdido a mi padre y a mi hijo, y aún así hay que ser fuerte y seguir adelante porque los duelos no se pueden alargar o la sociedad te aparta y te mira mal… muy feo todo

  • Aurora dice:

    Hola, a mi me pasó hace dos años exactamente igual que a ti,me he emocionado tanto leyéndote… Un abrazo.

  • Cristina dice:

    Hace 11 años , con 6 meses de gestación empecé a sentir Dolores muy fuertes, mi marido sabía de lo que se trataba. Mi hijo era el primero después de pasar en la vida por muchos malos momentos, por fin algo bueno, pues no la vida siguió dándome palos.
    Al mes de perderlo me volví a quedar embarazada, mi marido siempre me repetirá busca algo positivo sin la perdida no habríamos tenido a nuestra niña.
    10 años después el mismo día perdí a mi marido, después de 25 años de relaciones. Juntos desde que teníamos 16 años.
    El dolor que sufro ahora mismo es tan grande que nadie me puede ayudar.
    Te digo que te apoyes en tu pareja y que disfrutes del día al día porque no sabes lo que te va a pasar mañana.

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